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Ser raro/a: cuando no encajas en ningún molde


Jiddu Krishnamurti, uno de los seres más lúcidos del siglo XX, decía: «Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los que están sanos se les tacha de locos».

Es curioso, a los que están despiertos se les etiqueta de locos y a los que reconocen su enfermedad y quieren sanarse se les etiqueta de raros. El resto, aquellos que son tan inconscientes que ni siquiera se dan cuenta que de su condición, son los que se consideran normales.

¿Quiénes son los raros? Los raros somos aquellos que podemos reconocer nuestra locura. Aquellos que nos damos cuenta de que no somos normales y que no queremos fingir ni pretender que todo está bien para encajar en la sociedad. Los raros ya no creemos en zanahorias que nos darán la felicidad el día de mañana. Sabemos que el mañana es una ilusión, que lo único que tenemos es el ahora. 

Ser raro, sentirte diferente, ser un inadaptado, no encajar o no encontrar tu lugar en la sociedad puede ser muy doloroso. Si perteneces a esa categoría, sabes muy bien de qué hablo. Generalmente, arrastramos ese estigma desde la infancia, porque desde muy pequeños sentimos que no somos lo que se espera de nosotros. Crecemos sintiendo que no nos ven, porque esperan de nosotros algo que no somos. Y, al no sentirnos vistos ni respetados por ser lo que somos, crecemos sintiéndonos defectuosos.

Crecer sintiendo que eres inaducuado/a, que no eres «como hay que ser», genera mucha vergüenza, además de vivir con una necesidad muy grande de amor, una carencia que esperas que algo o alguien pueda llenar. E intentas llenarla de mil maneras: con relaciones, con comida, con alcohol, con trabajo, con drogas, buscando atención, aprobación, valoración, cariño, amor, sexo, reconocimiento, poder, etc. Pero antes o después te das cuenta de que nada ni nadie puede llenar ese vacío.

Algunos raros hacen un gran esfuerzo para encajar, porque creen que, si se adaptan, por fin serán normales y podrán ser felices. Pero, aunque aparentemente se hayan convertido en personas normales, no son felices, dentro de sí mismos sienten un profundo malestar, siguen sintiendo que les falta algo. 

El raro, la rara, se ha sentido muy juzgada por ser como es. Y acaba creyendo que hay algo defectuoso en él, en ella, y que la solución pasa por arreglarse para cambiar eso que no es normal. Pero, aunque dedique muchísima energía a mejorar esto y lo otro, antes o después llega a un punto donde siente que no tiene arreglo, que siempre será raro/a. ¡Bienvenido al club!

Tu destino no es encajar en un molde. No has venido al mundo para colmar las expectativas de nadie. Nadie sabe qué es lo mejor para ti, qué has venido a vivir y a aportar; tendrás que descubrirlo tú. No eres defectuoso o defectuosa por el hecho de no adaptarte a una sociedad enferma. No eres un fracasado o una fracasada por no haber encontrado todavía tu camino, por sufrir, por estar herida, por no haber conseguido unos objetivos, por no tener una relación de pareja o no encontrar tu lugar en el mundo. 

«No es signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma», puntualiza Krishnamurti.

No estar bien adaptado a la sociedad no significa que eres defectuoso/a, significa que tu corazón todavía está vivo. Y como está vivo, no puede conformarse con modelos impuestos, con verdades prestadas, con dogmas y doctrinas que condenan tu naturaleza, con premios-zanahoria de consolación, con seguir un camino o un estilo de vida que no resuena en tu corazón.

Ser raro/a significa que no puedes seguir las huellas de nadie; tienes que encontrar tu propio camino. No es fácil, porque a menudo te sientes solo, incomprendida, confundido, excluida. A veces estás en guerra con el mundo porque no te gusta lo que ves, sientes que nadie te entiende, o te deprimes y te pierdes en patrones autodestructivos. 

A propósito de ello Jeff Foster nos recuerda: «Tu sensación de no encajar nunca fue un error ni estuvo mal, ¡fue profundamente inteligente! No estabas dispuesto a reducir la inmensidad de tu ser, a encajonarte en un molde demasiado pequeño, demasiado limitante, demasiado violento, demasiado deshonesto para ti».

Ser raro/a es la posibilidad de vivir una gran aventura, la de un ser humano que no puede resignarse a vivir desconectado de su corazón. No significa que has fracasado, sino que la sociedad ha fracasado contigo, que a pesar de todo su esfuerzo no han conseguido domesticarte, no ha podido silenciar el anhelo de tu corazón. 


Ketan Raventós Klein
Extracto del libro 'Sanar el corazón' (Editorial Gaia).
https://transformacion-interior.com/libro-sanar-el-corazon

 

 

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